a mí, sí

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sábado, 24 de noviembre de 2012

EDITH PIAF Y EL AMOR

No es fácil entender a una cantante de la magnitud de Edith Piaf únicamente a partir de su voz maravillosa. Tampoco es correcto.

Como cualquier otro artista que plasma en cada creación suya todo el dolor, todo el recorrido de su vida, la pequeña parisina desbordó de sentimientos cada nota, cada sílaba de cada canción de amor que interpretó a través de su larga, pero demasiado corta carrera.



El pequeño gorrión no disfrutó de tregua alguna durante los años en que nos acompañó. Nacida en plena calle fruto de la relación entre dos borrachos, su madre, acróbata, la dejó al cuidado de la abuela paterna, para que fuera criada en una casa de putas.

Tras la Primera Guerra Mundial, y dedicada al mundo del artista ambulante, Edith conoció a su primer amor, Louis Dupont, con quien a los 17 años tuvo a su única hija, Marcelle, que moriría a los dos años de meningitis.



Ella nunco pudo volver a tener hijos.

Tras Dupont, la lista de amantes se hizo interminable.

Louis Depleé, empresario que la descubrió en plena calle y la llevó a trabajar en su bar. fue quien la bautizó como Piaf (pequeño gorrión). Ella le llamaba papá, y su asesinato, del que llegó a ser sospechosa, fue el pistoletazo de salida para una vida de alcohol y drogas.



Tras Raymond Asso, su Pigmalion, y otros como el gran Yves Montand, en 1948 conoció al amor que más a fuego marcó su vida, Marcel Cerdan, el boxeador argelino, "el bombardero marroquí". La pasión que vivieron se truncó por un accidente de aviación en la que él, que volaba a reencontrarse con Edith, falleció en las Azores.

Si hasta ese momento la vida de la cantante había sido dura, a partir de ahí se hace insoportable. Piaf se hace adicta a la morfina. Ningún otro hombre le hace olvidar a su gran amor. Marlon Brando, Charles Aznavour, Jacques Pills, su marido entre el 52 y el 56, un joven Georges Moustaki, con quien tuvo un grave accidente en el 58, que empeoró su estado y su dependencia de las drogas...



Tan famosa como enferma, abandonada por Moustaki, triunfó en Nueva York, donde, en el 59, llegó a desplomarse en la escena. Volvió a París para actuar en el Olympia de París, y salvarlo de la ruina.

Pero Edith Piaf ya estaba sentenciada. Un año antes de morir de un cáncer hepático, se casó con Theo Sarapo. Se dice que, tras morir Edith Piaf, él condujo su cuerpo a París para hacer creer que falleció allí donde nació. Jean Cocteau, su gran amigo, que moriría aquel mismo 11 de octubre de 1963, escribió:"El barco se acaba de hundir. Este es mi último día en esta tierra." "Nunca he conocido un ser mas desprendido de su alma. Ella no entregaba su alma, ella la regalaba, ella tiraba oro por las ventanas.".



Una multitud inmensa de admiradores acompañó su féretro hasta el cementerio de Pére Lachaise.

Porque no había habido nunca nadie como ella y porque sabían que nunca lo habría después.

Para ilustrar esta entrada, había seleccionado dos canciones que llevan el amor en su título, "Le chant d´amour" e "Hymne a l´amour". No me resisto a añadir también el gran tema de Georges Moustaki, uno de sus más grandes éxitos, "Milord".

Debo reconocer que la primera, "Le chant d´amour", no era, inicialmente, de mis favoritas. Ahora me parece hermosísima, preciosa.




Al contrario que la anterior, "Hymne a l´amour" siempre ha sido una de mis canciones de Edith Piaf preferidas. Simplemente, me encanta. Escrita por y para Marcel Cerdan, debo reconocer que me pone la carne de gallina todas y cada una de las veces que la escucho...



Y, por último, "Milord", la canción de Moustaki que narra el encuentro entre una prostitua y un cliente pudiente con problemas amorosos. No tenía previsto incluirla en esta entrada, pero es uno de mis temas favoritos. Y con la voz de Piaf, alcanza lo genial. Por favor, desde el principio hasta el final.

 



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